Universidad de San Martín de Porres – Filial Sur

Recordar es volver a vivir, historia del terremoto del 31 de mayo de 1970

Hace 52 años un día domingo 31 de mayo de 1970 a las 3:23 de la tarde se produjo un violento sismo con una duración de casi un minuto. El epicentro se ubicó frente a las costas de Chimbote, con una magnitud de 7.9º. Las causas del sismo fueron por el choque de placas tectónicas en las fosas de Chimbote. El fuerte movimiento sísmico provocó que un bloque de hielo del pico norte del nevado Huascarán se precipite en la laguna Llanganuco, provocando el rebalse de esta, que descendió por la quebrada del mismo nombre a modo de alud, impactando y cubriendo primero al pueblo de Ranrahirca y luego a la ciudad de Yungay. Se estima que en esta última ciudad perecieron más de 30 mil personas en sus viviendas (Pajuelo; 2002, Meza; 2015). El resultado de este desastre fue de casi 70 mil muertos, 150 mil heridos y 800 mil damnificados. Un testigo narró los acontecimientos desde Yungay, los episodios del terremoto y alud, de la siguiente manera:

Nos dirigíamos de Yungay a Caraz, cuando a la altura del cementerio de Yungay se inició el terremoto. (…). Observamos desde el cerro cómo se desplomaban las casas de adobe y un puente próximo sobre la carretera. (…) Simultáneamente se observaron deslizamientos de tierra de pequeña magnitud con bastante polvo sobre la Cordillera Negra. Escuchamos un ruido de baja frecuencia, algo distinto, aunque no muy diferente, del ruido producido por un terremoto. El ruido procedía de la dirección del Huascarán y observamos entre Yungay y el Nevado, una nube gigante de polvo, casi color arcilla Se había producido el aluvión; parte del Huascarán Norte, se venía abajo. Eran aproximadamente las 15:24 horas. En la vecindad donde nos encontrábamos, el último lugar que nos ofrecía una relativa seguridad contra la avalancha, era el cementerio, (….) Corrimos unos cien metros de carretera antes de ingresar al cementerio, que también había sufrido los efectos del terremoto. Ya en éste, atiné a voltear la vista a Yungay. En ese momento, se podía observar claramente una ola gigantesca de lodo gris claro, de unos sesenta metros de alto, que empezaba a romperse en cresta y con ligera inclinación e iba a golpear el costado izquierdo de la ciudad. Esta ola no tenía polvo. En nuestra carrera sobre las escalinatas, logramos alcanzar la segunda terraza y encontramos la vía a la tercera terraza, más obstruida, y con un hombre, una mujer y tres niños tratando de alcanzarla. Nos desviamos a la derecha, sobre la misma segunda terraza, cuando como un golpe seco de látigo, una porción de la avalancha alcanzó el cementerio en su parte frontal, prácticamente a nivel de la segunda terraza. El lodo pasó a unos cinco metros de nuestros pies. Se oscureció el cielo por la gran cantidad de polvo, posiblemente originado de las casas destruidas de Yungay. Volteamos la mirada: Yungay con sus veinte mil habitantes habían desaparecido. (Casaverde; 1970).

Fuente Silgado.

Publicado: 30 mayo 2022

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